El puerto y el Serrallo, la experiencia marinera de Tarragona

Foto: El Serrallo (Manel Antolí)

 

¿Habéis pensado alguna vez cómo se pudieron formar el puerto y el barrio del Serrallo? El barrio marinero de Tarragona, cercano a uno de los puertos marítimos más importantes del Mediterráneo, tiene una gran actividad gastronómica, cultural, asociativa, y económica centrada, principalmente, en la pesca y el mar desde tiempos inmemoriales. En este artículo, os contamos las claves para vivir una experiencia marinera auténtica en el barrio pescador de Tarragona.

 

Un poco de historia: el origen del Serrallo y el puerto

Sabemos que Tarragona tiene una tradición pesquera documentada desde el siglo XIII. En el siglo XIV se documentan las primeras tiendas de mar (‘las chabolas de madera donde vivían los pescadores, que también utilizaban como almacén’) en la playa del Miracle y, más adelante, cerca de la desembocadura del Francolí. Durante el siglo XVIII, la mayoría de personas que trabajaban en el mundo de la pesca vivían dentro de la ciudad, en la Part Alta. Pero los más pobres se alojaban en unas chabolas en la entonces llamada platja Llatzeret, frente a la calle del Mar.

A finales del siglo XVIII, la Junta de Obras del Puerto proyectó la construcción del barrio de la Marina en la Part Baixa de la ciudad. Pero no es hasta mediados del siglo XIX, cuando podemos situar el inicio del barrio de los pescadores de Tarragona: el Serrallo. La construcción de la línea de ferrocarril Tarragona-Reus-Montblanc-Lleida y la ampliación del Puerto de Tarragona obligan a desplazar las casas de los pescadores, de la calle del Mar, hasta la zona actual del barrio, entre el puerto, la vía del tren y la zona del Francolí.

Asimismo, cuando nace el barrio, durante la segunda mitad del siglo XIX, se empieza a llamar el Serrallo, que es la traducción del catalán serrall en castellano. Viene del sustantivo italiano serraglio (cerrado, serrallo) que, a su vez, proviene del latín serrare (cerrar) y nos ha llegado, a través del turco, del persa sarai (palacio).

Pero el origen del topónimo siempre ha sido una incógnita. Los historiadores ven una relación directa con la guerra de África (1859 – 1860). Apuntamos aquí cuatro hipótesis extraídas del ensayo de Vicenç M. Garcia sobre el origen del nombre del Serrallo:

 

  • Primera: significa harén. En las barracas de pescadores, las costumbres eran bastante libres, como lo que pasaba en los harenes musulmanes.
  • Segunda: viene de serraller (cerrajero). En el barrio trabajaban unos cuantos.
  • Tercera: viene de ferralló, un fanal pequeño del puerto.
  • Cuarta: en recuerdo a un antiguo palacio en ruinas de la nobleza marroquí, el Serrallo, en las afueras de Ceuta, que las fuerzas españolas utilizan como base de operaciones durante la guerra de África (entre España y Marruecos) donde fue herido el general Echagüe, conde del Serrallo, en la batalla del Serrallo del 25 de novembre de 1859. En este enfrentamiento, lucharon varios tarraconenses y algún residente en el arrabal marinero, procedentes de un cuartel de Tarragona.

 

Antes de que se consolidara el topónimo el Serrallo, hallamos aún otras dos más denominaciones: barrio de Sant Pere (en un plano de 1883 de Saturnino Bellido, director del Puerto de Tarragona entre los años 1881 y 1889) y Tarragoneta, porque la población era escasa o por analogía con el barrio de la Barceloneta. Son denominaciones que no prosperaron.

 

Foto: Serrallo. Niños pescadores remendando redes. Se ven las cestas del pescado secándose al sol, 1945 (autor desconocido, Archivo Municipal de Tarragona)

 

Un barrio pescador auténtico: Tradición gastronómica a la orilla del mar

El barrio marinero de Tarragona, el Serrallo, se ha convertido en un punto de referencia gracias a la oferta gastronómica que presenta y su privilegiada situación, junto al mar. La actividad comercial del barrio arrastra una trayectoria casi centenaria. Padres, hijos y nietos de pescadores han seguido la tradición profesional de sus antepasados para mantener la esencia marinera serrallense en sus restaurantes y comercios.

Los historiadores certifican que Tarragona tiene una lonja de pescadores desde el 1928, aunque se han hallado documentos que acreditan que es más antigua. Aquí se pueden encontrar las especies más selectas de pescado blanco como son la gamba roja (autóctona de Tarragona), el pulpito, la cigala (gadegang de Tarragona), la bacaladilla, la merluza, el rape, la galera, la gamba blanca, el pulpo, el calamar… Y de pescado azul, destacan la sardina, el boquerón y la caballa. También se captura la merluza de pincho, lenguado, pulpo, y atún rojo, así como emperador, si es temporada.

Un caldillo de bocanegra (moixina) con patatas aliñado con alioli, una romescada… Son algunos de los platos típicos de la cocina tradicional del barrio, que, sobre todo, huelen y saben a mar. La salsa por excelencia es el romesco, a base de pimientos secos escaldados, tomates y ajos asados, almendras y avellanas, aceite de oliva y un chorrito de vinagre. Los restauradores son herederos de esta cocina marinera que se puede degustar en la mayoría de restaurantes del barrio.

Consultad la relación de restaurantes que hay en el Serrallo para vivir la experiencia.

 

Foto: Moll de Costa (Manel Antolí)

 

El Moll de Costa: un mar de cultura

Llegar al Moll de Costa, en la actualidad, es mucho más fácil y rápido. La pasarela del Puerto, inaugurada en 2018, de 300 m lineales, conecta el centro urbano de la ciudad con el mar (la playa del Miracle, el paseo marítimo del Miracle, el Puerto Deportivo y la zona lúdico-cultural del Puerto de Tarragona) en solo 7 minutos y rompe con el impedimento histórico de las vías del tren para acceder a él.

También existen dos ascensores, además de una rampa de acceso en dirección a la estación de viajeros en la zona del paseo de Espanya.

 

Fotos: Pasarela del Puerto. Junio del 2018 (Puerto de Tarragona)

 

Una vez cruzado el paseo marítimo del Miracle, se llega a los Tinglados del Moll de Costa. Son unos antiguos tinglados utilizados antiguamente del almacén para los trabajadores de la pesca (antiguas naves de depósito de mercancías) y que, desde 1988, acogen actividades culturales, sociales y de ocio. Los antiguos almacenes ahora son reutilizados como refugios.

Foto: Tinglados del Moll de Costa (Manel Antolí)

 

En el Tinglado 2 se pueden ver exposiciones con una línea conceptual muy marcada, que muestra referentes del arte contemporáneo.

En el Refugi 2, se instaló el Museo del Puerto. Aquí se puede hacer un recorrido por la historia del puerto, desde que los romanos desembarcaron hasta la actualidad. A partir de visitas guiadas y propuestas educativas de ocio familiar, se pueden conocer todos los aspectos de la actividad del puerto, las embarcaciones… Fuera de la zona del museo, existe la oportunidad de realizar la Ruta Patrimonial del Puerto de Tarragona, siguiendo unos paneles que indican una docena de elementos de patrimonio portuario, en un recorrido de 4 km desde el Museo del Puerto hasta el faro de la Banya, en el extremo del dique de Llevant. La ruta se puede hacer a pie o en bicicleta.

 

En el Tinglado 4, temporalmente, se exhibe una exposición de síntesis de la historia de Tarraco con las piezas más representativas del Museo Nacional Arqueológico de la plaza del Rei, actualmente, en obras. En él se halla la Muñeca de Marfil, la Medusa, el Antínoo, el emperador Lucio Vero…

Foto: Exposición del MNAT – Tinglado 4 (Manel Antolí)

 

Otro espacio que cabe tener en cuenta es el Teatret del Serrallo. Integrado dentro del antiguo edificio del Pòsit de Pescadors (pozo de pesca), es un equipamiento, gestionado por el departamento de Puerto Ciudad del Puerto de Tarragona, que alberga eventos culturales, sociales, educativos y institucionales vinculados en el barrio y al resto de la ciudad de Tarragona. Se puede asistir a conciertos (dentro del Festival Ja Veus o conciertos independientes de todos los estilos de música), proyecciones de cine independiente (dentro del REC, el Festival Internacional de Cine de Tarragona), convenciones, conferencias, fiestas de swing con músicos y bailarines, etc.

Foto: Pòsit de Pescadors (Manel Antolí)

 

Arquitectura singular para completar la visita

Nada más poner los pies en la entrada del barrio, se halla la calle Trafalgar, el remodelado paseo emblemático del Serrallo, lleno de terrazas para sentarse y tomar el vermú al mediodía, comer o tomar algo al atardecer y acabar cenando allí. En 2007, año de la inauguración de la renovación del paseo, también se inauguró un conjunto escultórico único y de primer orden de la prestigiosa escultora Béatrice Bizot en unas fuentes que se convierten en un espectáculo visual de luces de colores y agua al anochecer.

Foto: Conjunto escultórico en las fuentes de la calle Trafalgar (Manel Antolí)

 

Justo en el centro del barrio, es obligatorio detenerse en la Iglesia de Sant Pere Apòstol de Tarragona, la iglesia del Serrallo. Está dedicada a san Pedro, patrón de los pescadores, y es un edificio de estilo neogótico. Se inauguró por la festividad de Todos los Santos del año 1880 y desde entonces siempre se han celebrado en ella ceremonias religiosas.

Foto: Iglesia de Sant Pere del Serrallo (Manel Antolí)

 

Si se atraviesa la zona de las terrazas de la emblemática calle Trafalgar, se da un paseo por la zona de los Tinglados y se llega al final, de camino a los faros, se halla un reloj de estilo modernista, el reloj del Port, que se instaló en el dique de Llevant del Puerto de Tarragona en 1922. El ingeniero Francisco García de Membrillera lo diseñó y el joyero y relojero Josep Rigau diseñó el templete y la maquinaria. La localización no es casual: se tomó como eje la calle d’Apodaca, así se podía ver la hora incluso desde la plaza de Els Carros. El reloj sustituía los toques de trompeta que un trompetero daba para indicar la hora de inicio y de fin de la jornada laboral.

Foto: Reloj del Port (Manel Antolí)

 

En el extremo del dique de Llevant, se divisa el Far de la Banya, que se construyó en el delta del Ebro con el diseño de Lucio del Valle del año 1860. Es un testigo único de los faros metálicos instalados en la desembocadura del río Ebro. El faro, que también era la vivienda del torrero, entró en funcionamiento en 1864 y estuvo en activo hasta 1978, cuando se construyó uno nuevo, de hormigón. En el año 1984 se trasladó al Puerto de Tarragona para protegerlo del derribo y, por último, restaurarlo. Y en 2003 se reconvirtió en Museo de Faros, extensión del Museo del Puerto de Tarragona. Actualmente está abierto para visitas concertadas.

Visitas guiadas: 977 259 434 / museuport@porttarragona.cat

 

Foto: Faro de la Banya (Tarragona Film Office – Txell Roig)
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