Ramon Martí, propietario y cocinero de la taberna El Llagut: “La felicidad se cocina con buenos ingredientes”

Durante los ochenta y noventa, Ramon Martí se formó a la sombra de algunos de los mejores chefs con estrellas Michelin de Francia y Alemania.

A finales de los noventa volvió a su Barcelona natal.

Gira el món i torna al Born”. O en la Plaça del Rei, para ser preciso.

Hoy aplica toda aquella experiencia mano a mano con su pareja, Astrid, en su propio establecimiento situado en el barrio de la Part Alta (casco histórico) de Tarragona.

La taberna El Llagut, que pertenece al movimiento Slow Food-Km0, se ha labrado la fama de ser uno de los mejores lugares para comer arroz en la ciudad y obra verdaderos monumentos de cocina tradicional con el pescado de Tarragona.

Es uno de los establecimientos que más han contribuido a elevar el listón de la oferta gastronómica local los últimos años.

«Tarragona está preparada para recibir una estrella Michelin. Hay mucha gente en la buena dirección, que se esfuerza cada día para hacerlo mejor, y un reconocimiento de estas características nos iría muy bien a todos.»

«La ciudad tiene que ser vista definitivamente como una destinación gastronómica«, asegura.


El aprendizaje y la implicación de Ramon Martí

Después de formarse en Turismo y Hostelería, en los ochenta, trabajó muchos años con Jean Louis Neichel (2 estrellas Michelin) en Barcelona, y con Jean Claude Bourgueil (3 estrellas Michelin) en Düsseldorf.

Implicado a fondo con movidas como “Tarraco a Taula”, o las actividades que organiza el colectivo Tarragona Gastronómica, Ramon está convencido que trabajando la excelencia se contagia la calidad.

Ramón Martí en El Llagut


Este valor añadido se puede buscar con la innovación.

Así lo están haciendo cada vez con más éxito un buen número de restaurantes en la ciudad.

Es el caso de El Llagut y otros establecimientos de referencia en pescado, especialmente en el Serrallo, llevando “masquetes”, zarzuelas y romescos al cenit culinario.

«Siempre se puede saber más. Muchos de los platos los hemos aprendido de nuestros proveedores, de la gente que nos trae el pescado, y los arroces, con la gente del Serrallo«, explica Ramon.

El libro de cocina de El Llagut bebe de la memoria y se alimenta de la experiencia.

Ha abrazado la cocina tradicional y le ha dado un toque marca de la casa, que hace lucir aun más sus valores.

«Cuando empezamos queríamos hacer cosas sencillas y bien hechas. Con el tiempo hemos creado un equipo, hemos evolucionado y hemos sido más ambiciosos«, cuenta Ramón.

«Hemos encontrado una línea y un sentido a lo que estamos haciendo. La cocina es cuidar los detalles, y hay platos que pueden parecer fáciles, pero te aseguro que cocinar un buen pulpo con patatas no lo es«, afirma.


La taberna El Llagut

Diez mesas interiores y siete profesionales a su servicio.

Una carta hecha de arroces y pescado, y 60 referencias de vinos, todas de la DO Tarragona.

Con estos ingredientes trabajan, Ramon y su equipo, experiencias gastronómicas de alto nivel.

Explica que cuando se sientan a la mesa, transmiten valores, cruzan emociones, ponen en marcha proyectos…

Encontrarse cada día con la familia o celebrar algo con los amigos es un momento importante, y la comida debe estar a la altura.

«Mi única pretensión es que la gente tenga el placer de comer en nuestra casa«, afirma.

Adaptarse a los preceptos del Slow Food–Km0, utilizar solo productos ecológicos, de calidad y proximidad, tiene que implicar un cambio de mentalidad radical en la forma de funcionar del establecimiento.

En Tarragona ciudad solo hay dos restaurantes adheridos a este movimiento –el otro es el Lola Tapes, del que ya hablamos en un post anterior–.

Des de hace cuatro años, la carta de El Llagut evoluciona según la temporada, pero en la cocina se trabajan más productos frescos que antes.

Especialmente los que vienen del huerto, y los clientes tienen la garantía que todos los ingrediente son naturales, más saludables.

«El Slow Food nos ha ayudado a subir un escalón a nivel profesional y personal. Detrás de cada producto que utilizo en la cocina hay una persona a quien ahora puedo poner cara, y que es quien me los ha proporcionado», explica Ramón.

«En el entorno de Tarragona se hacen alimentos bestiales, buenísimos, con un gusto y unas propiedades imposibles de encontrar en la gran distribución, pero que para ser valorados tienen que ser reconocidos.»

«Como cocinero, aporto mi granito de arena para intentar hacer un mundo mejor«, dice.

Doce años después de abrir el restaurante, Ramon no se cambiaría por nadie.

El Llagut va viento en popa y sigue un rumbo claramente definido.

Soy afortunado. Estoy haciendo lo que quiero, que es lo que me gusta, tengo una familia que quiero y trabajo para la satisfacción de la gente. La felicidad se cocina con buenos ingredientes”, concluye.

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